¿Consideras que la desigualdad es un fenómeno reciente o antiguo; estructural o coyuntural?

Nuestro sistema económico actual basado en el capitalismo y la globalización, sobre todo del mercado de capitales, provoca grandes desigualdades en la sociedad. Estas desigualdades generan sectores en los que predomina la pobreza, que se da tanto en los lugares más desarrollados como en los menos, ya que no tiene que ver con la economía del país si no con el reparto desigual de la riqueza. La desigualdad es una de las principales características que definen la historia de América Latina y el Caribe. Este fenómeno transversal, antiguo y estructural, creado por los procesos de acumulación y las diferencias Norte-Sur no es reciente, existen hechos históricos que lo condicionan.

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, las antiguas potencias colonizadoras traicionan las esperanzas de libertad e independencia de las colonias que combatieron junto a ellas. Tras los procesos de expolio y explotación en los países del sur por parte de los países colonizadores, las luchas por la descolonización se alargaron desde los años 40 hasta mediados de los 70. En 1955 en Bandung nace el concepto de Tercer Mundo y entra en la escena internacional. Los países menos competitivos sólo pueden financiar su desequilibrio con entrada de capital extranjero o endeudándose, ya que muchos de ellos exportan menos de lo que importan.

En los años 60 la ONU va a inaugurar una política crediticia que permitirá dar salida a una parte del capital excedentario de las sociedades centrales. Las economías centrales ofrecen créditos con un bajo interés, a retornar en un plazo largo con el fin de contribuir al desarrollo de las sociedades periféricas, sin control ni supervisión. En los años 70 empiezan a vencer sin que hayan podido ser devueltos por lo que los gobiernos de las sociedades periféricas se endeudan con bancos privados, sobre todo estadounidenses, nuevos prestamistas que impondrán condiciones más severas.

Fueron surgiendo diferentes organizaciones de unión entre países menos desarrollados y la reivindicación del Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) en 1974, con la ampliación del acceso de los países del Sur a los mercados del Norte, se da un nuevo reparto de capitales y estabilización de los precios de las materias primas. Los excedentes de capital de los países exportadores de petróleo son invertidos en bancos para préstamos a los países periféricos que en breve disparan su deuda.

A finales de los 70 la banca privada y los países acreedores reclaman la deuda, que muchos consideran ilegítima, y suben de forma brusca los intereses de la misma, convirtiéndose en impagable. Una deuda es ilegítima cuando un préstamo se concedió a gobiernos dictatoriales o corruptos, sin consultar a sus poblaciones, cuando los préstamos se destinaron a proyectos nocivos tanto social como ambientalmente, a la compra de armamento o al fortalecimiento de los mecanismos estatales de represión, se desviaron a cuentas personales en países del Norte y paraísos fiscales, o cuando la deuda es utilizada como instrumento de saqueo permanente del Sur y como medio de presión para imponer políticas neoliberales que lo mantiene encerrado en un ciclo de dependencia y de más deuda externa.

En 1982, México, Brasil, Ecuador, Venezuela y Perú se declaran en suspensión de pagos. Aparece así la crisis de la deuda, que se convirtió en un mecanismo de extracción de riqueza de los países periféricos para beneficio de los centrales. Cuando la deuda se convierte en un asunto mundial resurgen el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) como principales garantes del cobro de la deuda. Se crean para ello los Programas de Ajuste Estructural (PAE), su objetivo fundamental es garantizar el pago de la deuda de los países periféricos a los países acreedores centrales. Estos imponen una serie de medidas a los países deudores:

  • Devaluación de sus monedas, reorientando sus economías a la exportación.
  • Desregulación económica, eliminando el salario mínimo, controlando los precios de productos básicos, la seguridad social y destruyendo infraestructuras. Se redujeron los gastos “improductivos” de educación, sanidad, vivienda, etc. Los fondos públicos irán destinados a pagar la deuda.
  • Privatización de las empresas estatales más competitivas y de los recursos colectivos de esos países, que pasan a manos de las empresas transnacionales del Norte. Dándose la perdida de los propios recursos productivos y naturales.

Las consecuencias de estas medidas son:

  • La pérdida de poder adquisitivo de las poblaciones.
  • El incremento del paro cíclico y estructural.
  • El abandono de los proyectos de seguridad alimentaria.
  • El hundimiento del mercado interno de estas sociedades.
  • La pérdida de recursos productivos y naturales.
  • Un ciclo vicioso de recesión insalvable.

Mientras todo se privatiza, la deuda de las empresas privadas del Sur se nacionaliza, tiene que ser pagada por todas las personas del país que nacen con una deuda contraída.

La globalización neoliberal, que nace en los 80 en los mercados internacionales, ayuda a empeorar las situaciones de desigualdad que van surgiendo. A su vez, el Consenso de Washington en los años 90 busca combinar la democracia y el Estado de Derecho con la liberalización de los mercados de capitales. Para ello elabora un listado de políticas económicas, consideradas por los organismos financieros internacionales y centros económicos, como el mejor programa económico que los países de América Latina deberían aplicar para impulsar el crecimiento. Una especie de receta universal que no tiene en cuenta las diferentes situaciones en las que se encuentran los distintos países. Como consecuencia de esta globalización, crece el poder de las grandes empresas y grandes capitales, obligando a los países a legislar para ellas en la competencia internacional por captar inversores. Se imponen de esta manera una serie de condiciones como: bajos impuestos, que implican un Estado económicamente débil, bajos salarios, que generan alta productividad del trabajo y grandes beneficios, y un bajo control ambiental, que perjudica la calidad de vida en los países receptores de inversión extranjera.

Tres rasgos, que han sido una constante histórica a lo largo de diferentes períodos, caracterizan la desigualdad en América Latina y el Caribe: es alta, es persistente y se reproduce en un contexto de baja movilidad. Algunas causas son económicas o educativas, sin embargo, otras son de tipo político-social y responden a factores históricos y sistémicos, como la desigualdad de oportunidades y de acceso a las relaciones de poder. Estas desigualdades son estructurales y generan situación de exclusión, opresión y dominación.

En conclusión, podemos destacar entre los factores del sistema político que inciden en la reproducción de la desigualdad: la baja calidad de la representación política, la debilidad de las instituciones, el acceso diferenciado a la influencia sobre políticas concretas y los fallos institucionales que derivan en prácticas de corrupción y captura del Estado. Estos factores sistémicos y los hechos históricos antes señalados, contribuyen a que la dinámica política y económica refuerce la reproducción de la desigualdad.

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